domingo, noviembre 26, 2006

Una radio que no inspira confianza.

La Radio es poco creíble.

Lo acaba de confirmar el Informe Anual de la Profesión Periodística del año 2006, que edita la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y que ya, en anteriores análisis sobre el complejo mundo de los Medios, ha ofrecido dictámenes muy aproximados a la realidad que nos toca vivir cada día.

Y la razón de la poca confianza que sus mensajes suscitan, actualmente, entre la audiencia no es otra que - como textualmente se recoge en dicho informe - "la politización de los contenidos y la crispación mediática que se ha apoderado del medio", factores estos que están propiciando el paulatino descrédito de los programas que las Emisoras ofrecen a sus oyentes.

Basta con un rápido recorrido por el dial para comprobar que esto es así, a pesar de que algún responsable de una Cadena se empeñe en decirnos que no son los Medios radiofónicos quienes causan la crispación en la sociedad y que su papel es el de ser notarios de lo que ocurre en su entorno, es decir que cuenta cada día lo que de verdad está pasando a su alrededor, ignorando que el discurso cotidiano que se lanza a las ondas desde su propia Emisora es una incendiaria soflama contra todo y contra todos, en absoluto en línea con la doctrina que aquella debiera defender por respeto a su ideario y a los principios que lo inspiran.

Baste recordar la frase evangélica: "cuando te abofeteen en una mejilla, pon la otra"

Claro que habitualmente por otra parte, los Medios públicos en manos del partido del gobierno se utilizan con verdadera impunidad para adoctrinar a los ciudadanos y no para informarles y el alineamiento de otras empresas privadas de radiodifusión con las tésis gubernativas viene a completar un panorama poco alentador que, como consecuencia, trae sin duda la comentada pérdida de confianza.

Vamos, "que en todas partes cuecen habas...".

Es decir, que la Radio española no está en su mejor momento y desde algunas antenas se está propiciando un clima de tensión y crispación nada bueno que ha establecido en la sociedad el dudoso principio de "o estás conmigo o estás contra mí", con el peligro añadido de hacer imposible un diálogo sereno sobre aquellas cuestiones en las que la discrepancia resulta no solo legítima sino conveniente.

Lo peor de todo esto, ademá, es que esa forma de proceder se sostenga muchas veces sobre líderes cuyo compromiso moral es o debiera ser el de sembrar la paz en su ámbito de actuación y no el de someterse al dictado de las audiencias y la facturación que es el argumento que siempre suelen emplear cuando alguien les reprocha el agresivo discurso del Medio del que son propietarios.

Y a todo esto, encima, una radio que solo se dedica a transmitir contenidos informativos y que ha perdido la esencia y el encanto que como Medio supo siempre trasladar a los oyentes a través de espacios en los que con la música, la palabra, los silencios y desde luego la imaginación, conseguía crear un hermoso producto que cautivaba a sus destinatarios...


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